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http://www.aaas.org//news/releases/2007/1026drug_craving_es.shtml
Autores científicos chilenos publicados en Science descubren en las ratas una región cerebral que pide drogas
Algunos investigadores chilenos han identificado una región del cerebro, la corteza insular, que juega un papel en el deseo de droga en ratas adictas a las anfetaminas, según un informe publicado en el número del 26 de octubre de la revista Science, publicada por la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), una sociedad científica sin fines de lucro. A la larga este descubrimiento puede ayudar a respaldar el desarrollo de nuevas terapias para tratar la drogadicción y ciertos efectos secundarios de los medicamentos sobre el comportamiento.
La corteza insular, también conocida como ínsula, se encuentra en lo más profundo del cerebro. Es parte del sistema sensorial interoceptivo, que controla cómo percibe el cuerpo sus necesidades y estados fisiológicos. Estos estudios se hicieron con ratas y, antes de que pueda demostrarse que los resultados se aplican a los seres humanos, los investigadores tendrán que realizar pruebas similares en sujetos humanos.
"Nuestro descubrimiento de que al bloquear la ínsula se evita el deseo de anfetamina en ratas dependientes de las anfetaminas, nos indica que esta región del cerebro procesa información acerca de los estados fisiológicos del cuerpo y puede orientar el comportamiento", explicó el investigador Fernando Torrealba, de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Los drogadictos se vuelven irritables y ansiosos cuando el cuerpo les pide droga. Al trabajar con ratas adictas a las anfetaminas, primero los científicos dejaron inactiva la corteza insular inyectando una sustancia que detuvo temporalmente toda actividad neuronal en esta área. Después de la inyección, las ratas adictas no buscaron anfetaminas y volvieron a su comportamiento normal; específicamente, prefirieron un compartimiento oscuro en lugar de la región blanco brillante de un aparato experimental. Al invertir el bloqueo, las ratas volvieron a mostrar el deseo de anfetaminas, prefiriendo el compartimiento blanco.
En un segundo experimento los investigadores inyectaron en las ratas litio, una sustancia usada para tratar trastornos del estado de ánimo y que también puede causar malestar gastrointestinal. Las ratas "rápidamente se echaron sobre la barriga", mostrando señales de malestar, según el documento de Science. Pero cuando los investigadores volvieron inactiva la ínsula antes de administrar litio, las ratas ya no exhibieron señales de malestar y parecieron comportarse normalmente.
"Esto nos demostró que la corteza insular no sólo informa al resto del cerebro sobre el deseo, sino también sobre las señales de malestar gastrointestinal, y que esta información sobre los estados corporales puede orientar el comportamiento", dijo Torrealba. "Dado que esta región sirve para percibir las necesidades corporales y emociones, puede ser una estructura clave en la toma de decisiones, al informar a la corteza prefrontal ejecutiva sobre nuestras necesidades, como en el caso del abuso de drogas".
Si bien se sabe que el uso de litio a largo plazo causa malestares en pacientes humanos, la prueba del litio no estaba destinada a imitar la terapia crónica para los trastornos del estado de ánimo entre las personas.
"Este estudio es significativo no sólo por sus implicaciones prácticas y terapéuticas para el desarrollo de futuros tratamientos para la drogadicción, sino también desde un punto de vista de ciencia básica, porque ofrece nuevas perspectivas sobre la función de la corteza insular", dijo Peter Stern, editor en jefe de Science.
Torrealba y sus colegas seguirán investigando para ver si pueden evitar el deseo durante períodos más largos y además quieren investigar si pueden aliviar otros sistemas que producen tensiones.
"Inactivation of the Interoceptive Insula Disrupts Drug Craving and Malaise Induced by Lithium", por Marco Contreras, Francisco Ceric y Fernando Torrealba del Departamento de Fisiología, Facultad de Ciencias Biológicas, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.
Esta investigación fue financiada por el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt) de Chile y Millennium Science Initiative.
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26 October 2007


