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Océanos, Clima, Salud—Investigadores Estadounidenses Exploran Colaboración Potencial con Colegas Cubanos
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Ellos son los vecinos de al lado, compartiendo todas las comodidades y retos del vecindario — océanos llenos de vida, el riesgo de enfermedades tropicales, un clima cambiante que podría engendrar huracanes más grandes y más frecuentes. Y sin embargo, dado que los vecinos apenas hablan entre ellos, no pueden compartir las oportunidades y responsabilidades que vienen con la resolución de los retos.
No obstante, hoy, científicos en Cuba y Estados Unidos están explorando si un descongelamiento en las relaciones entre las dos naciones podría permitir una serie de nuevos o expandidos proyectos de investigación juntos que podría traer beneficios a ambas naciones y otras en la Cuenca del Caribe. Visitas y consultas recientes facilitadas por la AAAS y la Academia de Ciencias de Cuba (Academy of Sciences of Cuba) subrayaron que ambos lados ven potencial para colaboración científica sustancial.
“Las recientes visitas mostraron que la mentalidad cubana está realmente lista para conectar”, dijo Peter Agre, un aclamado Nobel en química y un ex presidente de AAAS, quien regresó en marzo de su tercera visita a la nación. “Los científicos no tendrían ningún problema en trabajar juntos... Los cubanos están comprensiblemente orgullosos de su ciencia, y nos ven muy positivamente. Yo anticiparía que si pudiéramos normalizar las relaciones y hacer ciencia como un punto de partida, entonces cosas realmente buenas podrían suceder.”
Peter Agre y Fidel Castro
[Foto cortesía de Peter Agre]
“La posibilidad de un intercambio científico abierto entre investigadores en Cuba y E.U.A. podría solamente traer mayores beneficios para ambas comunidades científicas, y por supuesto, para la gente en sus respectivos países”, dijo Jorge Pastrana, secretario exterior de la Academia de Ciencias de Cuba.
“El tipo de desarrollo científico que tuvo lugar en Cuba durante el último medio siglo ha producido resultados originales que han sido reconocidos internacionalmente en las fronteras del conocimiento en varios campos. La ciencia, junto con la tecnología y la innovación, ha producido resultados que son importantes para sociedades no solo en Cuba y Estados Unidos, sino en países vecinos en el Caribe, y para el desarrollo sustentable en todas partes.”
Vaughan C. Turekian, director del Centro para la Diplomacia de la Ciencia de AAAS, dijo que los investigadores de ambas naciones se han enfocado en la ciencia, no en la política que ha dividido a las dos naciones por medio siglo.
“Especialmente en la parte ambiental, no hay un asunto que hayamos discutido que no tenga implicaciones e impacto directos en Cuba y los Estados Unidos”, dice Turekian, quien también es director ejecutivo internacional de AAAS. “Dada su proximidad, cuando estás hablando de ciencia atmosférica o marina, si viaja a Cuba, viaja a la costa del sureste de Estados Unidos también. Si se genera en Cuba, es atrapado o afectado por corrientes que van hacia Estados Unidos.”
El Centro para la Diplomacia de la Ciencia de AAAS organizó una visita inicial de tres días a Cuba en noviembre 2009 con Agre, entonces el presidente de AAAS, sirviendo como el científico líder en una visita por parte de ocho líderes científicos estadounidenses. AAAS ayudó a facilitar la segunda visita en diciembre pasado, con 18 científicos independientes viajando a la isla para conversaciones informales centradas en ciencia marina, ciencia atmosférica, cambio ambiental, la conservación de la biodiversidad a grandes escalas, pesquerías sustentables, y el desarrollo de capacidad. Agre, quien encabeza el Instituto Johns Hopkins de Investigación de la Malaria, regresó a Cuba el mes pasado para hablar en Biotecnología Habana 2012, un congreso internacional que se enfocó en las aplicaciones médicas de la biotecnología.
Desde principios de los 1960s, justo después de la revolución cubana, los dos vecinos han estado trabados en una guerra fría caribeña; aunque están tan solo a 90 millas de distancia, la relación ha sido caracterizada por barreras económicas y culturales, a veces agudo conflicto político y amplias dimensiones de desconfianza. Los intercesores ven la diplomacia científica como una manera de llevar a cabo investigación valiosa para todas las partes, y desarrollar una participación constructiva en un entorno no político.
La historia que data hasta más de 100 años agrás sugiere que Cuba y los Estados Unidos son “socios científicos naturales”, dijo Pastrana en una entrevista vía correo electrónico.
“Cuando ambas comunidades científicas estaban estableciendo sus propias instituciones científicas durante el siglo XIX, varios científicos y eruditos de ambos países iniciaron vínculos de intercambio, discusión y cooperación”, dijo él. “Las relaciones de centros de investigación científicos cubanos, así como varios científicos y eruditos, con el Instituto Smithsonian, universidades como Harvard, Columbia o Yale, datan de mucho tiempo atrás, y en varias maneras, han sido importantes para los dos lados durante mucho tiempo.
Sergio Jorge Pastrana y Peter Agre
[Foto cortesía de Sergio Jorge Pastrana]
“Algunos de esos vínculos nunca desaparecieron, y han continuado durante momentos particularmente difíciles, superando obstáculos políticos, para producir publicaciones, colecciones y resultados científicos importantes, que son de beneficio para la gente de ambos países.”
Las recientes relaciones han permitido a la AAAS y otros científicos desarrollar aún más sus lazos con Pastrana y Fidel Ángel Castro Díaz-Balart — el hijo mayor de Fidel Castro — un físico nuclear y líder en la comunidad de política científica de su país.
El viaje de diciembre también incluyó un evento lateral especial: Agre y Alan Robock, un científico atmosférico de Rutgers, fueron invitados a una reunión de tres horas con el ex líder cubano Fidel Castro, la esposa de Castro, y sus hijos Fidel y Antonio, un cirujano ortopédico.
“La reunión con Castro fue realmente interesante”, dijo Agre. “Fue sobre el pasado. Habló sobre su familia y de cuando estaba creciendo... Describió la Revolución, la Bahía de Cochinos, la crisis de los misiles. Fue una perspectiva muy distinta a la que yo esperaba.
“Principalmente escuché. Si vuelvo a reunirme con él —y no sé si lo haré- me pidió que trajera conmigo mis artículos de investigación. Pero el hecho de que él y yo nos sentamos en la misma habitación — él no me vio como el enemigo. Soy un científico, nacido el mismo año que su hijo.”
Pero el enfoque central de las reuniones cubanas fue la ciencia y consultas y discusiones informales de científico a científico. Ellas se enfocaron en intereses comunes y en las posibilidades —y retos—de trabajar juntos.
“Definitivamente hay un orgullo en el trabajo que hacen y la investigación que llevan a cabo”, dijo Joanne Carney, director de la Oficina de Relaciones Gubernamentales de AAAS. “Cuando hablamos de colaboración, ellos realmente quieren una colaboración y una asociación honesta, en vez de financiamiento recursos. Ellos están interesados definitivamente en encontrar áreas de interés mutuo.”
Malaria y el Caribe
Tanto Turekian como Agre citaron la malaria como un área en la que los científicos estadounidenses podrían aprender mucho de Cuba. Y eso puede conectarse con un interés compartido por ambos países en trabajar para apoyar el desarrollo humano y de la salud en la empobrecida nación caribeña de Haití.
“La malaria es endémica en Haití”, dijo Agre. “Era endémica en Cuba, pero uno de los objetivos de la revolución fue eliminar la malaria — y lo lograron. ¿Cómo lo hicieron? Eso es algo que me gustaría saber más... En Cuba, las vacunas y la prevención son una alta prioridad.”
La malaria y otras enfermedades no vigiladas en Haití pueden ser un factor desestabilizador aún para naciones vecinas, dijo Turekian. “Resulta en un gran número de gente moviéndose de un lado a otro, y reduce la fuerza y estabilidad interna de Haití”, explicó. “Por tanto, Cuba y Estados Unidos podrían tener intereses mutuos en trabajar en esto.”
Lo mismo con trastorno de estrés postraumático (PTSD por sus siglas en inglés), añadió Agre. Debido a los huracanes, terremotos, crimen y otros desastres humanos, el PTSD se ha extendido en Haití. “Los cubanos tienen un interés en ello y nosotros tenemos un interés en ello”, dijo. “Podríamos trabajar en ello juntos.”
Ciencia Atmosférica
Investigación atmosférica es otra área en donde Cuba y Estados Unidos comparten intereses comunes tangibles. Huracanes y otras tormentas pasan encima de Cuba en ruta a Estados Unidos. Claves obtenidas de condiciones atmosféricas sobre el Caribe pueden darnos un conocimiento más profundo — y quizá una alerta a tiempo — sobre tornados en Oklahoma y Arkansas, o tormentas en Chicago y Nueva York.
Esta es un área de interés particular de Turekian, un geoquímico atmosférico. “No hay duda de que la ciencia atmosférica real involucrando a Cuba — mediciones, entendimiento de las condiciones atmosféricas — es importante no solo para un mejor entendimiento del transporte del polvo africano, sino también para obtener una asidera sobre cómo las condiciones y dinámicas atmosféricas afectan al Golfo de México y el sureste de los Estados Unidos”, dijo.
“Dado que los tornados son impulsados por dinámicas realmente complicadas que involucran grandes cantidades de aire cálido que sube a través del Golfo e interactúa con frentes fríos, cualquier información que podamos juntar podría significar vidas a salvo... Pero no puedes esperar entender cosas como tormentas como las que afectan la costa sureste de Estados Unidos sin tener mejor cooperación conjunta entre científicos en Estados Unidos y Cuba, y sin investigación, instrumentos y calibración para medir dinámicas que nos afectan a ambos.”
Sin embargo, ambos Turekian y Robock sugirieron que la desconfianza oficial y el embargo comercial se combinan para hacer dicha colaboración sobre investigación climática difícil, si no imposible.
En una entrevista, Robock describió los esfuerzos por parte del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica en Boulder para instalar dispositivos de sistemas de posicionamiento global en la ciudad cubana central de Camagüey. Los dispositivos de GPS reciben señales de satélites; las señales de microondas son afectadas por su transmisión a través de la atmósfera, y dependiendo de la densidad de la atmósfera, eso permite un conocimiento más profundo del clima y el cambio climático.
Hay casi 100 de dichos dispositivos en el Caribe, explicó Robock, pero Cuba, aunque es una de las masas de tierra más grandes en el Caribe, no alberga ninguno de ellos.
“Datos básicos del clima ya son compartidos por todos los países del mundo”, dijo. “Pero el tomar medidas específicas ahí con los GPS sería útil para los cubanos y la comunidad más amplia. Provee mejor información sobre el estado de la atmósfera — temperatura, humedad, y la humedad de la tierra. Eso es lo que necesitas para empezar un modelo de predicción del clima.”
Pero las fuerzas armadas cubanas desconfía de los dispositivos de GPS, y la nación no ha aprobado la instalación. Al mismo tiempo, el embargo estadounidense sobre Cuba hace imposible el que científicos cubanos vengan a Estados Unidos, aún cuando sea para un curso de una semana sobre cómo usar un modelo climático computarizado.
“Los científicos de ambos países quieren trabajar juntos”, dijo Robock. “Vamos a hacer lo mejor que podamos... pero habrá limitaciones significativas.”
“Desde el punto de vista científico”, añadió Turekian, “esto se trata de la habilidad para ir a un lugar a tomar medidas para que podamos entender mejor los huracanes y otras condiciones que afectan al Caribe y el sureste de Estados Unidos. Para lograrlo, necesitamos relaciones y protocolos para que los americanos y los cubanos juntos puedan beneficiarse de las mediciones en Cuba.”
Ciencia Marina
Los arrecifes de coral en gran parte del Caribe han sostenido daño significativo a partir de actividad humana — sobrepesca, cambio climático, derrames de petróleo y otra contaminación. Pero frente a las costas de Cuba, dice la marina científica Nancy Knowlton, los arrecifes han estado menos expuestos al desarrollo, y están más sanos.
Knowlton es la Sant Chair de Ciencia Marina en el Instituto Smithsonian y la científica emérita senior del Instituto de Investigación Tropical del Smithsonian. Ella trabajó en los campos de biodiversidad y ecología marina; y los arrecifes de coral son su especialidad. Aparte de un crucero que paró en Guantánamo, nunca había estado en Cuba, pero durante su visita en diciembre, estuvo profundamente impresionada con las oportunidades para llevar a cabo investigación en los arrecifes cubanos y por la ciencia marina que ya se lleva a cabo ahí.
“Hay hábitats increíbles, mucho menos impactados por la gente que en la mayoría de los lugares en el Caribe, en términos de sobrepesca y ese tipo de cosas”, dijo ella. “Y hay una amplia comunidad de biólogos marinos, varios con un interés compartido en la biodiversidad y la conservación.
Para Knowlton, los arrecifes cubanos son como “una ventana en el tiempo” permitiendo a los investigadores echar un vistazo a cómo se veían los arrecifes sanos en una época pasada. “Te dan una línea base de cómo debería verse una comunidad de peces sana”, explicó. Y eso aporta un mayor conocimiento de otros arrecifes caribeños en donde el daño es más pronunciado.
“Así que hay mucho por aprender de los científicos marinos cubanos”, dijo ella. “Y hay muchas razones por las cuales los cubanos deberían venir aquí y trabajar en el Smithsonian. Hay un enorme potencial de intercambio porque hay tantos intereses compartidos.”
Pequeños Pasos, Potencial Significativo
Esos intereses compartidos parecen extenderse a lo largo de varios campos. Carney, cuyos padres nacieron en Cuba, se reunió en diciembre con sus contrapartes cubanas quienes estudian y ayudan a moldear la política gubernamental de ciencia y tecnología.
“Desde mi propia perspectiva, al hablar con sus científicos, me impresionaron algunas de las similitudes entre nuestras comunidades”, dijo Carney. Los cubanos “enfrentan retos en decisiones políticas respecto a prioridades de investigación y cómo lograr un balance entre investigación básica e investigación aplicada. Ellos proveen asistencia médica universal, por lo que la investigación de la ciencia de la vida está un poco más dirigida, un poco más aplicada. Pero mirando hacia adelante, tu quieres lograr el balance de la porción aplicada con la investigación básica.
“Es interesante el que ambos estamos enfrentando cuestiones similares, aún cuando nuestros sistemas son diferentes.”
Los científicos de ambos países están conscientes, por supuesto, de los considerables obstáculos que dificultan una colaboración completa. Visas y el embargo estadounidense son problemas obvios. Pero mientras científicos en una nación acaudalada como Estados Unidos dan por hecho los recursos digitales e Internet, el ancho de banda en Cuba puede ser tan limitado que es difícil o imposible intercambiar información. Dadas esas restricciones, los prospectos inmediatos de interacción constructiva, plena entre las comunidades científicas son remotos en el mejor de los casos.
Y sin embargo, Robock, Carney, y otros dicen que las visitas han dejado claro que colaborar con científicos cubanos es más fácil que lo que pudiera parecer.
“Cualquier académico puede ir a Cuba y gastar dinero sin restricción”, explicó Robock. “Necesitas una licencia por parte del Departamento del Tesoro de E.U.A. para gastar dinero, pero como investigador, estás sujeto a la licencia general existente. Tantos americanos más podrían ir a Cuba y empezar a hacer ciencia con ellos — pero no saben que pueden hacerlo.”
Una de las ideas que emergió de las discusiones, dijo Carney, fue una página web de recursos que podría proveer dicha información práctica a ambas comunidades científicas.
Estos pueden ser pequeños pasos, pero tienen un valor significativo en ayudar a construir los cimientos de la colaboración entre investigadores en Cuba y Estados Unidos. Aunque la relación formal entre los dos países ha sido durante largo tiempo tirante, los científicos están apostando a mejores tiempos en el futuro, aún sin saber exactamente cuándo.
“Aunque ha permanecido igual durante los últimos 50 años, esto cambiará — las relaciones políticas siempre lo hacen”, dijo Turekian. “Cuando la relación cambia, quieres estar en el lugar en donde has preparado el terreno y cultivado relaciones para aprovechar la ventaja de las áreas en donde la cooperación científica puede contribuir hacia ambos países.”
Mientras tanto, los esfuerzos continuarán, ampliando la colegialidad que los visitantes a la isla han compartido con sus anfitriones.
“Cada uno de los que estaban ahí erar un muy buen diplomático de la ciencia”, dijo Knowlton. “No hubo inquietud — hubo mucha curiosidad por ambas partes para conocer a la gente y descubrir lo que la gente está haciendo... Todos estaban haciendo un esfuerzo por ser atentos. Eso es importante — tienes que estar preparado para escuchar así como para hablar. La pasamos muy bien. Me encantaría volver.”
Agre añadió: “La ciencia no gubernamental y AAAS tienen un papel tremendamente importante que jugar. Más que nunca, la ciencia es la manera que tenemos para romper barreras entre adversarios. Es una forma constructiva para que el mundo se mueva hacia adelante.”
Pastrana también vocalizó una nota ambiciosa para el futuro.
“Cualquier obstáculo que se presenta en el camino del intercambio internacional en ciencia está limitando la capacidad de ayudar a incrementar la resistencia de los entornos ambientales del mundo”, dijo. “Sólo el conocimiento, las tecnologías y los productos provenientes de desarrollos científicos podrían proveer las herramientas para que las sociedades sean capaces de continuar el desarrollo humano en armonía con el único planeta que las sostiene hasta la fecha, el cuál ha sido abusado durante más de medio siglo mucho más allá de su capacidad para lidiar con dicho abuso.
“Apoyemos a los científicos y su comunicación abierta en todas partes. De esta manera, ellos podrán contribuir a la sustentabilidad de las sociedades humanas en el planeta Tierra.”
2 May 2012
